La Dama de los Vinos

Raquel en plena faena.

Por Lissy Rodríguez y Elizabeth Velázquez

Mujer de aromas añejos: marañón, piña, uva. Así lo confirman cada uno de sus visitantes, que al leer “Vinos Raquel”, deciden deleitar el gusto en el  sabor de su bebida.

Al llegar, solo costó el saludo, para vernos imbuidas en un nuevo mundo de olores nuevos, desconocidos hasta entonces. Conocer a Raquel y sus vinos, nos enseñó que se puede amar la vida y encontrar siempre un nuevo sitio. Raquel encontró el vino, como un oficio que le brindó las energías para seguir viviendo.

Su rostro no puede hallar la tristeza, y hasta las marcas de los años se diseminan por la intensidad con que refleja su alegría, satisfecha de ser mujer, madre, y maestra por partida doble. Enseñar a niños no fue suficiente, de sus manos salen hoy lecciones de preparación de una bebida, considerada por ella como el elixir de los dioses.

“En mi familia hay una tradición de vinicultores, porque mi abuelo era español, y él hablaba mucho de los vinos, esa tradición la heredé de él. Teniendo quince años hice mi primer vino y a él le gustó, aquello me estimuló mucho”.

Su carisma y pasión la hace disfrutar de cada una de las conversaciones familiares y eso fue un ingrediente más en su preparación. “Me gustaba tomar café y conversar, pero me di a la tarea de hacer los vinos solamente, porque andaba mucho más rápido, y así no me perdía de la conversación. De ahí seguí haciendo vinos para brindar en las fiestas, en los cumpleaños”.

Cuando Raquel evoca sus primeros años en esta labor, recuerda a su hijo mayor con la certeza de que la producción de vinos le devolvió a la vida.

“Fue un pasatiempo durante muchos años, porque esa fue una forma de ocupar mi poco tiempo libre, yo había perdido un hijo y trataba de ocuparme, yo cocía, trabajaba para la Federación y además, hacía vinos, entonces lo compartía”.

“La Casa de Cultura comienza a hacer sus festivales de tradición, y ya se abre una abanico más grande de oportunidades, empiezo a conocerme. En el 94 la Casa me hace una invitación a participar en el evento de Villa Clara del 6 al 11 de diciembre, donde alcanzo los primeros lugares y el premio de la popularidad”.

Ese viaje fue el primer impulso para regresar a Holguín y formar el Club de vinicultores, primeramente con pocas personas, pero al pasar de los años fortaleciéndose hasta hacer en el año 1998, el primer Festival Provincial. Allí se mantuvo como presidenta durante 10 años.

La maestra de profesión empieza a dar los primeros pasos que 12 años más tarde la convirtiera en la Gran Maestra del Vino en Cuba, “la dama del vino”, como dijera satisfecha, por estar entre los vinicultores más premiados en eventos nacionales y provinciales.

“El primer nombre del Club fue Areíto, evocando al baile aborigen, luego se le pone el nombre Bayado por el Cerro holguinero, como ves, tratamos de vincular las tradiciones histórico culturales con nuestros vinos”.

“El vino tiene que ver con la cultura de un país, de una región, de un pueblo. Holguín está enclavada entre los ríos Jigue y el Marañón, y el vino de marañón precisamente tiene muchas propiedades, es muy sabroso, muy aromático”, opina al preguntarle sobre el fin sociocultural del Club.

“Sin embargo hay quienes afirman que por ser esta bebida de marañón ya no es vino, pero llegará el momento que en el mundo tendrá que reconocer que de la fruta fermentada también se obtiene un vino”.

Esto hace que los integrantes del Club elaboren hoy vino de marañón, caña, piña ciruela, frutabomba, jengibre y  de flores como las de majagua, marpacífico y rosa.

Raquel le aporta a sus esencias los resultados de las investigaciones que desde sus inicios ha explorado sobre las propiedades medicinales de los vinos. Alguna anécdota…

“Aquí vino un señor buscando vino de uva para una dieta.

-¿Cómo para una dieta?

-Sí, mi esposa está gordísima y quiere rebajar.

Le dieron la receta de que se tomara unos dientes de ajo con un vaso de agua, y una copita de vino, fue cliente mío por mucho tiempo, y al parecer su esposa rebajó, porque no ha vuelto. (Risas)

También han venido personas operadas del corazón y han consumido el vino tinto para estimular la circulación y evitar la cardiopatía. Y tuve muchos clientes de vino de marañón y jengibre, según ellos porque eran afrodisíacos. También hice vinos de noni y los llevé a un evento internacional y a los salvadoreños y puertorriqueños, les encantó y se lo llevaron a sus casas.

Pero yo particularmente trabajé del 93 al 97 la flor de Majagua, con vistas a un vino medicinal contra la bronquitis y el catarro. He investigado el uso de las diferentes frutas, cómo saldría mejor el vino de uvas, cómo usaría algunas raíces, de las propiedades de la hoja de la uva, su sabor y su tanino, el jengibre,  y el garañón contra la impotencia”.

Se recrea en los vinos de Raquel su personalidad, se percibe su delicadeza, se siente su alegría. El olor en cada uno de los rincones de su casa, se confunde entre tantos licores, 24 botellas en total, distribuidas con mucha fineza en cada esquina y posición diferentes, que componen los adornos de su vida entera.

“Sí, Raquel tiene un sello característico, una personalidad. El olor de un vino añejado va tener el olor de su química y de su dueño. El vino se lleva en la mente, en el corazón y en la mano”.

Este año, el 14 se realizó del 28 al 30 de enero. El catador villaclareño Luis Antonio Brunet, considera la calidad de los vinos que ella fundara superior a años anteriores. Afirma con toda seguridad que los vinos caseros de esta nororiental ciudad, no tienen por qué envidiar a producciones industriales.

El vino es considerado uno de los más importantes alimentos contra el envejecimiento, explican estudios sobre propiedades antioxidantes abundantes en el tinto y un poco menos en el blanco. Al de marañón, característico de la ciudad, los premiados lo honran por ser, entre otras, la fruta escogida para sus cosechas.

La tradición de vinicultores de Holguín asume sus 16 años de madurez y consolidación en el concebir de este delicioso líquido, el cual, sin dudas, devuelve la vida al hombre en el trabajo que lo fortalece y agranda.

La distinción Gran Maestra del Vino se la otorgó el Ministerio de la Agricultura Urbana en el año 2006. Es un reconocimiento a las personas más destacadas en la producción de vinos. También Cienfuegos la tiene como invitada de honor a todos sus festivales. De la experiencia más linda contestó: “Conocer la isla de un extremo a otro y hacer muchas amistades”.

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